Detrás del silencio
Alguien se escapa detrás del silencio
dibujado en la ventana de un tren,
que avanza buscando una respuesta.
Pero ya nadie pregunta.
Las palabras no compraron sus boletos.
Y tienen que esperar
a que los pasajeros desciendan
para usurparlos y viajar en ellos.
Mientras tanto, dentro del tren,
sólo se escucha el roce de los bolsos,
el abrir de los paquetes de masitas,
y el final de cada mate.
Alguien, que ya no mira por la ventana,
dejó su pregunta en la estación de partida.
Y ya no la recuerda.
Como tampoco a su voz, o a su pasado.
Todo se quedó ahí.
Allá. Atrás. Abajo.
Todo encerrado entre letras
que ya nadie usa, ni escucha.
Alguien de pronto suspira.
Y el tren amaga con detenerse
en cualquier parte del camino.
Un acuerdo tácito
se activa de inmediato.
Y entonces comienzan los bolsos
a chocarse con violencia.
Los paquetes de masitas se
abren con desesperación,
aunque sin hambre.
Y todos los mates son terminados
juntos y de golpe.
Una y otra vez.
Alguien detiene el suspiro
justo antes de dejar escapar
un sonido con ruido a vocal.
El ritmo del tren se retoma apurado,
pero seguro de mantener
su silencio a salvo.
Afuera, detrás del silencio
dibujado en la ventana de alguien,
las letras de un abecedario incompleto
vuelven decepcionadas
a su desorden de camino,
esperando reunirse
en la estación de llegada
para usurpar alguna respuesta.
Verónica Borelli
Tallerista de El Aleph
Es ayer
Extraño la noche, una noche,
no cualquiera ni la de ayer,
porque lunes fue ayer.
Quiero la noche de mañana
sobre el camposanto de estrellas.
Te extraño mañana y prohíbo el ayer,
porque lunes fue ayer.
Extraño mañana y no esta muerte de a ratos,
que trae un nombre en la punta de los dedos
dibujándolo en un vidrio frío.
Lunes fue ayer, y hoy es otro yo
parado en las mismas calles sin vereda,
donde sobreviven paredes afiladas y el polvo del aire.
Es otro yo esperando en fila un eclipse
para que sea hoy o mañana. No ayer.
Porque lunes fue ayer.
Ese día traspapelado y gritón.
Un día de marionetas.
Un día cualquiera, pero ayer.
Un paso de ayer, un segundo de ayer,
segundos que duran vidas, y vidas que duran días.
Mañana te estoy buscando, no hoy.
Porque lunes fue ayer,
uno cualquiera pero ayer.
Y no puedo, te digo,
ni sé desvestirme de palabras para que lo sepas,
no creo poder nacer, porque es noche imperfecta,
espejo de algún hombre.
Noche, tiempo y mañana tapando un ayer.
Porque lunes fue ayer.
Noche y tiempo, atributo de dioses que odié o recé.
Cuerpo y sangre del esqueleto del destino.
Tiempo, noche y vos.
Tu nombre en el aire
esquivando mi sombra que se oxida con el día,
y con mañana. No ayer.
Porque lunes fue ayer.
Javier Cristobo
Tallerista de El Aleph
1 comentario:
SEAMOS
http://simplementecomplejo.blogspot.com
Publicar un comentario