El baile de los mulatos estaba en su apogeo en el salón de don Jacinto. Las mujeres se movían convocadas por el ritmo del candombe. Los hombres, mostraban su piel reluciente en la escasa luz del local. En el puerto del Dock Sud, un barco se despedía de Buenos Aires con la voz ronca y monótona de la sirena. Parecía una de las tantas noches candomberas del lugar. Sin embargo, se respiraba tensión en el aire. Era como cuando se olfatea una desgracia. En especial los hombres, que estaban en el secreto de la apuesta que Jacinto y el negro Araque se jugaban a una mano de póquer.
Los dos contrincantes habían resuelto cumplir con el reto esa misma noche. Eligieron al mulato Nemesio como tayador, por ser hombre de confianza de ambos. Los tres, a la media noche, se reunieron en el cuartito
de la trastienda. Había sólo una mesa, tres sillas y un farol colgado del techo y protegido por una pantalla que sólo permitía iluminar la mesa. Jacinto y el negro Atraque se sentaron frente a frente y Nemesio. entre ambos.
¾ Les recuerdo¾ dijo éste¾ que la condicion es jugarse todo a una sola mano. Repartiré las cartas, habrá un único descarte y después, cada uno pondrá lo que apuesta sobre la mesa. No olviden que los dos acordaron apostar aquello que le fuera de más valor en su vida.¾ Ambos asintieron. Se sorteó la mano y Jacinto fue el favorecido. Después el mulato barajó, colocó el mazo en medio de la mesa y autorizó al dueño del boliche a cortar. Volvió a apilar los naipes y repartió cinco a cada uno.
Don Jacinto las miró de un solo golpe y apartó una para el descarte. El negro Atraque las recogió mientras las orejeaba. Se descartó de dos.
El tayador dio a cada uno los naipes que le correspondía y agrego:
¾ Ahora pueden hacer sus apuestas.
Jacinto fue el que lo hizo en primer lugar. Colocó sobre la mesa un papel firmado. Las apuestas de honor también valían. Luego el negro, tomándose su tiempo, apostó sus herramientas de trabajo.
Nemesio invitó a los dos hombres a mostrar su juego, Por ser mano, Jacinto dio vuelta sus cartas y agregó.
¾Dos reyes y dos ochos.
Araque, con voz desafiante respondió:
¾ Póquer de ases¾ al tiempo que mostraba sus cartas
Jacinto quedó mudo y su rostro se cubrió con una máscara de piedra. El negro Atraque se levantó sacando pecho, recogió de la mesa el revolver, el facón cabo de plata y la navaja que había apostado y el papel firmado por jacinto. Con un andar de triunfador salió al salón.
De inmediato se hizo un silencio expectante. Los hombres, que comprendieron de inmediato lo ocurrido, lo miraban con admiración y respeto mientras Araque, con su andar compadrón y pendenciero, cruzaba el salón hacia la salida. Jacinto, que caminaba tras él con la derrota colgada a la espalda, se dirigió a un grupo de mujeres y se puso a conversar con ellas. Luego de un rato Josefa, una mulata joven y sensual que era la amante de Jacinto, se apartó del grupo y, con actitud sumisa, se dirigió a la salida detrás de su nuevo dueño.
Edgardo Martín Gelós
Tallerista de El Aleph
Datos curriculares:
Edad: 76 años.
Lugar de residencia: Bahía Blanca. Argentina
Ganador de 48 premios en concursos nacionales e internacionales de poesía y narrativa. Participación en salones y cafés literarios con lectura de cuentos y poemas propios. Publicación en diversas Antologías. Realizó estudios de dramaturgia.
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