07 septiembre 2011

EL JUEGO DE LA INFAMIA

"No hay peor violencia social que el proceso de embrutecimiento e indefensión sufrido por un pueblo que no lee" (Mempo Giardinelli, durante su charla en Bahía Blanca invitado por El Aleph). Y tiene razón el querido amigo Mempo: ya dijo Freud que el lenguaje es el órgano constitutivo del pensamiento. Si hablamos mal, escribimos mal y leemos mal, no seremos capaces de pensar con coherencia. Y si no pensamos, somos incapaces de decidir por nosotros mismos. O sea: dejamos de ser libres, quedamos sometidos a la decisión de cualquiera. Un pueblo que no lee (ni escribe ni piensa) no tiene pasado ni futuro. Y tampoco vida ni bienes materiales, como lo ilustra el juego que les proponemos a continuación: ¡Diviértanse y piensen!

UNA BRUTA HERENCIA

Cuentan que en una antigua aldea de España, El Bruto del Pueblo dejó al morir un Testamento que decía textualmente:

Dejo mis bienes a mi sobrino Juan no a mi hermano Luis tampoco jamás se pagará la cuenta al sastre nunca de ningún modo para los jesuitas todo lo dicho es mi deseo.

El Juez leyó el Testamento firmado por El Bruto del Pueblo, y todas las personas mencionadas lo reclamaron con exclusividad para sí mismas, ya que al texto le faltaba la sintaxis, que garantiza un sentido único. Cada parte, entonces, interpretó:

El sobrino Juan lo propuso de esta forma:

Dejo mis bienes a mi sobrino Juan, no a mi hermano Luis; tampoco jamás se pagará la cuenta al sastre. Nunca, de ningún modo, para los jesuitas. Todo lo dicho es mi deseo. (Versión de JUAN)

A su turno, el hermano Luis hizo su propia interpretación del Testamento:

¿Dejo Mis bienes a mi sobrino Juan? No: ¡a mi hermano Luis! Tampoco jamás se pagará la cuenta al sastre. Nunca, de ningún modo para los jesuitas. Todo lo dicho es mi deseo. (Versión de LUIS)

El sastre, a su vez, entendió así el escrito:

¿Dejo mis bienes a mi sobrino Juan? No. ¿A mi hermano Luis? Tampoco, jamás. ¡Se pagará la cuenta al sastre! Nunca, de ningún modo para los jesuitas. Todo lo dicho es mi deseo. (Versión del SASTRE)  

Por último reclamaron los jesuitas, con su propia interpretación:

¿Dejo mis bienes a mi sobrino Juan? No. ¿A mi hermano Luis? Tampoco, jamás. ¿Se pagará la cuenta al sastre? ¡Nunca; de ningún modo! Para los jesuitas: todo. Lo dicho es mi deseo. (Versión de LOS JESUITAS)

El Testamento del Bruto de la Aldea dejaba tantas dudas que las cuatro personas involucradas reclamaron su herencia con exclusividad. Y según variaba la sintaxis, cada quien tenía razón.  Entonces se presentó El Dictador del Pueblo, exigiendo los bienes para sí mismo, por interpretar que el Testamento no expresaba voluntad de dejárselos a nadie:

¿Dejo mis bienes a mi sobrino Juan? ¡No! ¿A mi hermano Luis? Tampoco. Jamás se pagará la cuenta al sastre. ¡Nunca! De ningún modo para los jesuitas. Todo lo dicho es mi deseo. (Versión del Dictador -destinatario final de los bienes del Bruto). 

Moraleja: Nadie sabe leer, aunque reconozca el significado de las palabras, si no conoce para qué sirve un punto, una coma, el punto y coma, los dos puntos, y tantísimas otras claves sintácticas, que encierran el verdadero sentido del texto. El que ignora este simple mecanismo del lenguaje puede vivir engañado o engañándose, y en esa confusión, malentenderse permanentemente consigo mismo y con los demás. Eso es lo que nos pasa como lectores. ¿Qué decir si tenemos la pretensión de  llamarnos escritores?. 

1 comentario:

Lidia Blanca Castro Hernando dijo...

Lo que es el valor de los signos de puntuación, no? Felicitaciones por el ejemplo