Es un escritor famoso y además muy buen lector: entonces mira la historia publicada en el diario del domingo y se frota la entrepierna como un mono insatisfecho. No logra identificarse con el personaje y siente que nunca podrá entender la trama, pero una sensación de fatalismo muy parecida a la prolijidad le impulsa a seguir leyendo.
Secuestrado por ese morbo interroga los párrafos, mide las frases, pesa algunas palabras, espía el título y por fin desentierra la evidencia. Aprende que una gesta desenfrenada de medio siglo cabe en veinte renglones con intachable exactitud.
Temblando llama a la Redacción para que echen al que escribió su biografía.
Microcuento de Edgardo Ariel Epherra /propiedad intelectual registrada
5 comentarios:
Filoso, Maestro!
Betiana (San Rafael, Mza.)
¡Cuándo nos reenganchamos con el TAD? El tiempo y la distancia sin estímulos me sabotean la producción, colega!
Muguel / Tenerife
te leí en el face de casualidad y por tu linkvine a la Carilla. buen cuento y gran blog, felicitaciones. Liliana Cuartucci
Lic. Epherra: Tendría que dictar un Taller exclusivamente dedicado a la Microficción. Somos varios entusiastas y el trabajo final puede ser la edición de un libro. Atte Braulio R. Lozano (mandé propuesta a su mail)
No me gustan los microcuentos. Aunque estén bien escritos.
Son pereza mental pura.
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