“Desde los tiempos en que la especie humana comenzó a emitir sus primeros sonidos significativos, las familias y las tribus necesitaron de los ancianos. Con el lenguaje, los viejos se transformaron en la memoria de la especie: se sentaban en la caverna, alrededor del fuego, y contaban lo que había sucedido (o se decía que había sucedido, que es la función de los mitos) antes de que los jóvenes que escuchaban esos relatos hubiesen nacido. Antes de que comenzara a cultivarse esta memoria social, el hombre nacía sin experiencia de especie, no tenía tiempo para forjársela, y moría sin proyectarla. Después, un joven de veinte años era como si hubiese vivido cinco mil, porque los hechos ocurridos antes de que él naciera, y todo lo que habían aprendido los ancianos, pasaba a formar parte de su memoria. Más tarde vino le escritura. Luego la imprenta. Hoy los libros son como aquellos ancianos: el libro es un seguro de vida, una pequeña anticipación de inmortalidad”. (Umberto Eco)
Enviado por Juan Alberto Insausti; Colonia, Uruguay.
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